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¿Puede uno vivir solo en este mundo, sin un esposo o una esposa, sin hijos, sin amigos?
Casi ninguno de nosotros puede vivir solo, por lo tanto necesitamos compañeros. El
permanecer solos requiere una inteligencia enorme; y uno tiene que estar solo para
encontrar a Dios, la verdad. Es agradable tener la compañía de un esposo o una esposa, y
tambien tener hijos; pero ya lo ven, nos perdemos en todo eso, nos
perdemos en la familia, en el empleo, en la aburrida, monotona rutina de una existencia que nos deteriora. Nos
acostumbramos a ello, y entonces el pensamiento de vivir solos se vuelve terrible, es
algo que nos aterroriza. La mayoría de nosotros ha puesto su fe en una sola cosa, nos
lo hemos jugado todo a una sola carta, y nuestras vidas no tienen riqueza alguna aparte
de nuestros compañeros o compañeras, aparte de nuestras familias y de
nuestros trabajos. Pero si en la vida de uno hay riqueza
no la riqueza del dinero o del conocimiento, que cualquiera puede adquirir, sino esa riqueza que es el movimiento de la realidad sin
principio ni fin entonces el tener la compañía de alguien se vuelve un asunto secundario.
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